Es increíble como todos los seres humanos hemos pasado por montón de cosas..., y muchas veces esas cosas se pueden traducir en simples alegorías. De hecho, estoy inmerso en una de ellas y hoy me di cuenta (o bueno, me ayudaron a darme cuenta). Partiré por la 1era de ellas...
Hubo una época en que caí al Infierno. Me costó bastante salir de él, pero como una verdadera ley de intercambio equivalente, hubieron costos por el sólo hecho de haber salido. Ahora resulta que soy parte del Sindicato de Porteros del Infierno, los cuales observamos día a día quienes caen en sus puertas. Y reímos al verlos porque ya estuvimos ahí. Quizás eso no sea lo peor, lo que sí lo es es no salir de ese lugar y ahora trabajar en él, observando como cual voyerista quienes caen en él... y como algunos colegas también caen nuevamente...
La 2da alegoría es simple. Todos somos principes (princesas según sea el caso) que se encuentran aprisionados en una torre, rodeados por un terrible dragón. Todos los días, deseamos que nos rescaten, que nos vayan a buscar. Cuando eso sucede dejamos botada la torre. Pero muchas veces terminamos volviendo y seguimos eternamente esperando. La única forma sería abandonar esa torre por nosotros mismos, pero no nos atrevemos porque si lo hacemos esa torre se puede desmoronar.
Esas son alegorías. Y vivo en cada una de ellas. Soy parte de un sindicato y no salgo del Infierno y no quiero que se desmorone mi torre. Y no sé si deseo que me rescaten por tiempo limitado. Me gustaría que mataran al dragón, remodelaran la torre y.... todo sería mejor...
Pero en eso se quedan. Alegorías de la vida diaria... que viven en cada uno de nosotros. ¿O no? (continuará)




