miércoles, 15 de abril de 2009

Prozac - Cap 9


Me abraza y comienza a besarme el cuello. Pienso en cómo moverme sin lastimarla, me ha pasado a veces. Me tiende en la cama como desesperada buscando mi calor, mi cuerpo, mi miembro. Pienso en como hacer que sus manos lleguen donde quiero que lleguen.

En la cama tiramos como dos adolescentes, la única forma que conozco en que se deben hacer las cosas. Besos fuertes, dolorosos, ahogadores. Los mejores. Esos que dejan un sabor a pecado en los labios, la aprieto en mi cuerpo y siento sus pechos delicados pero firmes, los cuales están esperando ser vistos por mi. Contemplados. Acariciados. Queridos.

Toco su cuerpo como si fuera lo último que debo hacer ese día. Toco su trasero con mis manos y la acaricio, no por fuera, sino que por dentro de su ropa, la toco suave, delicado. Sí.

Sí.

Pienso en otra. En alguien que amo. Amé. Ya no tengo sentimientos, me costó mucho trabajo llegar a este nivel y ser el tipo desinteresado y lejano que soy, además de sumamente exitoso en lo laboral y social. Es que la gente busca imperiosamente alguien "asentimental", tiene miedo de encontrarse con personas que necesiten de otros. Soy lo que debe ser, un muñeco sin alma.

Pero este tipo de recuerdos me asusta. Debo concentrarme en calentarme.

Ella mueve su pelvis fuerte en mi miembro. Desea cortarse. Comienza a jadear. Eso me excita. Aunque como las orientales no hay, ellas sí saben jadear. Saben gritar.

Toco sus pechos, los masajeo. Como debe hacerse. Ella me besa, me muerde. El preámbulo me fascina, porque me deja listo para pensar en el próximo movimiento que deba satisfacerla. Lo hacemos y hago que se vaya segundos antes de penetrarla. Eso me encanta, porque las desespera, las acelera, las vuelve loca, las transforma... me tranquiliza.

Un buen polvo. Estamos abrazados y no sé porqué me abraza.

1 comentario:

Anónimo dijo...

yo tampoco, pues ni has sabido apreciarlo ;)
Saluditos